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Tarea para la casa

¿Para qué sirve la inteligencia emocional en un niño?



- Aumenta el rendimiento escolar, ya que al controlar sus impulsos, el niño desarrolla mayor concentración, no se distrae ni interrumpe a sus compañeros.

- La automotivación los lleva a perseverar en sus esfuerzos: estudian a conciencia, aprenden a sobreponerse a las derrotas (ya sea... Ver más por una mala calificación o dificultades propias de su edad). "La inteligencia emocional permite criar sujetos altamente productivos. Es el típico niño que pregunta en clases e investiga para hacer sus tareas", explica la psicóloga.

- Desarrolla la empatía, talento que los lleva a ser solidarios con sus compañeros. Son niños que lideran grupos.

- Facilita el buen manejo de las relaciones interpersonales, lo que les ayuda a adaptarse al curso sin problemas.

- Son niños que analizan la situación y respetan los límites, bien evaluados por sus profesores. Son alumnos obedientes y participativos, factores importantes en términos de autoestima y motivación para asistir a clases.

Ejercicios de entrenamiento emocional



- Dibujarle al niño en los dedos de sus manos expresiones faciales correspondientes a distintas emociones. Después de ello, preguntarle cómo se siente (el indicará con sus dedos si está enojado, triste o feliz). Esta actividad se puede reforzar recortando en revistas o diarios caras que demuestren lo anterior.

- Ver televisión o leerles cuentos e ir comentando cada situación donde aparezca algún tipo de emoción. Por ejemplo, preguntarle qué cree que siente el personaje frente a la situación que está viviendo.

- Invitar amigos del niño a la casa. El juego y las relaciones entre pares permite que se conecte con su mundo emocional.

- Con niños mayores (9-13 años) se puede emplear la dramatización. A través del tipo de escena y de los elementos que el niño utiliza se pueden conocer aspectos de su personalidad.

- Con hijos adolescentes puede comentar sus propias vivencias y emociones. El hijo se siente considerado cuando los padres le demuestran confianza. Ver menos

Cuando los afectos entran en juego

Las capacidades intelectuales no son suficientes para lograr éxito y destacar. Hoy, los niños deben ser empáticos, manejar el autocontrol, tener automotivación y capacidad de manejo en sus relaciones interpersonales. Las emociones son un talento más que los padres deben enseñarles a desarrollar a sus hijos.

Nadie nos enseña a ser padres. Para serlo se necesita algo... Ver más más que intelecto y buena voluntad: se requiere de la participación de las emociones.

Según Claudia Sandino, autora del libro Inteligencia Emocional para Padres, "la inteligencia emocional no tiene relación con el coeficiente intelectual. Las capacidades intelectuales de las personas pueden ir en detrimento con los años". Pero las habilidades que conforman la inteligencia emocional (autocontrol, empatía, automotivación y capacidad de manejo de las relaciones interpersonales) pueden ser aprendidas e incrementadas, lo que permite el desarrollo personal y continuo crecimiento.

"La idea es crear padres proactivos, que eduquen niños que sean capaces de hablar de sus emociones, y esto se puede desarrollar desde que el niño llora y la madre lo atiende. En ese momento comienza la comunicación. Por lo tanto, si ocurre lo contrario, el niño también es capaz de sentir el abandono. En la medida en que se entrena al niño en esta área empiezan a aflorar sus talentos. De esta forma, aprende a decir lo que siente, a tener autocontrol, a ser empático con el mundo y asertivo para explicar sus ideas", añade la especialista.

Los primeros cuatro años de vida del niño son determinantes: "La niñez es una oportunidad única para fijar hábitos emocionales que lo ayudan a desempeñarse afectivamente a lo largo de su vida. Esto les entrega mayores posibilidades para utilizar el potencial intelectual que han heredado, ya que aprenden a canalizar sus talentos con afectividad", dice la psicóloga.

Frente al tema de la inteligencia emocional en los niños es importante saber que la herencia genética entrega una serie de rasgos emocionales que determinan el temperamento. Dependiendo de cómo se correlacionan estos factores, se manifiestan tres tipos de temperamentos: fácil, lento o de difícil adaptación.

Los niños de temperamento fácil no presentan mayores complicaciones en términos de adaptabilidad a los cambios (no son muy llorones, tienen mayor tolerancia, son fáciles de guiar). "Los niños de temperamento de lenta adaptación, aunque terminan igual ajustándose a los nuevos requerimientos, les toma más tiempo lograrlo. Pero los niños de temperamento difícil -que son probablemente el tipo de bebé que duerme de día y llora de noche-, tienen reacciones emocionales violentas. Por lo general, viven el proceso de crecimiento con mucha dificultad", explica Claudia Sandino.

La familia es la primera escuela para el aprendizaje emocional del niño. "La forma en que los padres traten a sus hijos tendrá consecuencias profundas y duraderas en la vida emocional del niño. Existen datos innegables que indican que tener padres inteligentes emocionalmente constituye un enorme beneficio para sus hijos. Pero también resulta vital que entre el padre y la madre exista coherencia", enfatiza Claudia Sandino.

Para que los padres se conviertan en entrenadores emocionales deben, ante todo, estar comprometidos con los sentimientos de sus hijos.

"Los niños ven en sus padres los modelos a seguir. Por ejemplo, este tipo de padres no se opone a las muestras de ira, tristeza o miedo por parte de sus hijos, debido a que perciben las emociones como parte de la naturaleza humana. Tampoco las ignoran. Aceptan las emociones negativas como un hecho de la vida y utilizan estos momentos para enseñarles una lección. Esto ayuda a crear relaciones más estrechas entre padres e hijos", explica la autora del libro Inteligencia Emocional para Padres.

Al compartir momentos de intimidad en un contexto emocional, los niños desarrollan mayor confianza en sus padres. Saben que tienen a quién recurrir y que sus emociones son importantes, lo que los hace menos vulnerables frente a conflictos o influencias sociales. "Son padres que no temen pedir disculpas a sus hijos si se han equivocado o han sido injustos".

Sin embargo, no hay que confundir esta actitud con la tolerancia exagerada y la sobreprotección. "Permitirle todo al hijo significa perder la oportunidad de enseñarle estrategias para manejarse frente a sus emociones", advierte Claudia Sandino. Ver menos

La madre que todos llevamos dentro

Ineludible, avasalladora y vital, la figura de la madre se instala a fuego en la mente del hijo y dirige, desde allí, cómo será toda la historia emocional del vástago. Su voz dictará con quiénes se relacionará en el futuro, se hará oír al momento de escoger pareja y le dirá cómo criar a sus propios hijos. He aquí el peso de quien pervive en nosotros desde que nacemos hasta el último... Ver más suspiro. Feliz día, mamá.

Más poderoso, estrecho y enrollado que el cordón umbilical, la impronta de nuestras madres se nota más allá de que nos parezcamos físicamente o nos sorprendamos diciendo o haciendo cosas que ella hacía.

Esta huella se instala, sutil e imborrable, en el cuaderno secreto de la mente del hijo, donde habita el inconsciente. Entonces, no contenta con ser la madre que parió, amamantó y crió, ella, o más bien su imagen y modelo de crianza, se queda en el hijo para siempre. Desde allí dictará lo que el hijo considere bueno o malo, lo que piense y sienta en torno a la sexualidad, sus creencias en torno al comportamiento de un hombre o una mujer, la elección de pareja, cuánto y cómo nos queremos a nosotros mismos, y claro, de qué forma serán criados sus propios nietos. Es como llevar una madre interna cuya voz es imposible desoír, con todo lo positivo y negativo que eso conlleva.

Esta historia de amor comienza con el embarazo mismo. El hijo desde que es embrión comienza a sentir a su madre. Si bien no sabe quién es, siente su voz y los latidos de su corazón. Desde entonces la conexión es profunda. Al nacer, la etapa de la lactancia es crucial. "Aunque no puede conceptualizarlo el bebé considera a esa persona a quien siente, escucha y quien satisface sus necesidades más primitivas, cuando siente hambre o frío, como la persona que es capaz de salvarlo del dolor, de protegerlo y satisfacer todo lo que él necesita", asegura la matrona y psicóloga infantil Lorena Bravo Castillo.

Esta relación tan íntima y satisfactoria entre hijo y madre también hunde sus raíces en los fundamentos de la "geometría mental" del futuro adulto. Si el hijo llora porque tiene hambre y la madre lo toma, lo acurruca y le da de mamar, "¿acaso no es posible imaginar un parentesco de lo bello con la placidez y serenidad de la mirada satisfecha del bebé luego de experimentar la precisa sucesión de los eventos que esperaba? ¿Acaso, si pudiera, no nos diría el bebé que la mirada de su madre es la constelación más bella que lo ilumina? ¿Acaso no podríamos poner en este momento el sustento originario del enamoramiento?", aventura el psiquiatra y psicoanalista León Cohen.

A su juicio, será el recuerdo de esa contención que da la madre, el principal capital emocional futuro. "Esa memoria puesta en actividad será lo que nos permita oírnos a nosotros mismos, oír nuestras necesidades y además ser capaz, ahora, de ser como nuestra madre, es decir, ser capaz de tolerarnos, contenernos y de ser serviciales con nosotros mismos. Sólo identificados con esto, es decir, siendo capaces de ayudarnos y contenernos a nosotros mismos con verdad seremos capaces de jugar el mismo rol con los demás : amar a tu prójimo como a ti mismo", explica Cohen.

El psiquiatra señala que empezamos a ser individuos luego del parto, "pero en nuestra mente construimos una relación tan estrecha con todo lo que percibimos de nuestra madre, que parece reproducirse en la memoria nuestra simbiosis perdida. En este estado de cosas, todo lo que represente a esa madre en la mente del niño de meses, sean olores, ruidos, colores o temperaturas, es la substancia de lo que podemos entender como ideal, como lo bueno y lo bello en sí, como el trasfondo último de lo que llamamos enamoramiento".

Si así de vital es la primera conexión con la madre, la ausencia de ella o su lejanía resulta nefasta, como suele ocurrir con los niños abandonados o maltratados tempranamente. Porque en esos casos falla un concepto primordial que ocurre desde el nacimiento hasta los dos años de edad: la "confianza básica". El bebé empieza a sentir que depende en todo sentido de ese ser humano al que luego llamará mamá. En el fondo, que existe una persona en el mundo que puede satisfacerlo, acogerlo y calmarlo. Y si bien la madre es primordial, también esa función podría ejercerla alguien como la madre sustituta, la abuela o un pariente. Es esa relación la que permite desarrollar todos los vínculos emocionales futuros de este nuevo ser humano. Y lo de todos no es metáfora. Hasta la capacidad de establecer una relación de pareja estable depende de esta confianza.

"Un ser humano con confianza básica adquirida, sólida, para adelante tiene menos probabilidades de tener problemas en su desarrollo emocional. Da un cimiento, una base solidísima para empezar a formarte como ser humano", precisa Lorena Bravo. La psicóloga infantil llama la atención sobre un fenómeno que ocurre en la mente de los niños. Cuando la madre no está, para ellos es como si ya no existiera. Por eso es común la pataleta, el ataque de llanto, la desesperación que algunas guaguitas sienten cuando la mamá no está. Sin embargo, cuando el hijo tiene cerca de ocho meses, y asentado en su "confianza básica", simplemente comienza a entender que la mamá puede que no esté en ese momento, pero volverá. Y lo más probable es que si llora, su madre aparecerá. El niño que no cuente con esa base simplemente no confiará en el mundo y dará tumbos en sus relaciones emocionales. Su "madre interna" le hablará de la frustración de no haberla tenido, durante el resto de su vida.

Las madres crían a sus hijos de la manera que consideran correcta. Lo sea o no, según cómo fue su relación con sus propios padres.

Sin embargo, la psicóloga y terapeuta de parejas Perla Sanhueza, hace hincapié en un aspecto que no siempre es evidente en la crianza. "El niño no internaliza el mundo de las personas significativas como uno de los posibles mundos, sino como ‘el mundo‘, el único que es concebible, por eso es que es de suma importancia el cómo internalizamos a los padres, en este caso a la madre en nuestra manera de existir".

Como se trata de lazos emocionales únicos en la vida, esa relación será el punto de referencia para compararlos con los que vengan. Por eso es que "es fundamental para un buen desarrollo personal, tanto para hombres como mujeres estar consciente de que llevamos dentro los patrones de crianza y de los modelos para poder actuar y crear alternativas de conducta y emociones", si la experiencia de ser hijo de sus padres no resultó positiva.

Y cuando se elige pareja, todo este rollo de la madre se evidencia con fuerza. "Vemos cómo la mujer y el hombre se enamoran por igual y por primera vez de una mujer (la madre), imagen que imprimen en lo profundo de sus mentes desde que nacen y que nunca más podrán borrar. Para la mujer será un desafío gigantesco poder movilizar ese profundo amor y cercanía desde una mujer hacia un hombre, es decir, enfrentar los dolores de la ambivalencia y reconocer en la madre también una rival. Por ello, la mujer necesita una potente y precoz diferenciación para así lograr ser una mujer diferente, lograr tener su propia sexualidad y sus propios hijos", explica Cohen.

Sin embargo, el psicoanalista precisa que pese a "esa intensa y cercana intimidad que vemos entre las mujeres en todos los rincones, se aprecia que esa ligazón originaria jamás la ha podido sustituir por completo un hombre, a pesar de las exigencias de las propias mujeres. La mujer tiene en su propia mujer amada a la rival. Lleva esto en su mente, lo vive y lo teme en la cotidianeidad, lo refleja en el temor hacia la amiga separada, hacia una hermana, en el celo hacia la compañera de trabajo".

¿Y qué pasa cuando la hija de su madre tiene sus propios hijos? Es altamente probable, por no decir inevitable, que la hija repita los actos y decires de su madre. Hasta la comida le puede quedar igual a la que le preparó su mamá, incluso les transmitirá a sus hijos cosas que escuchó de niña, porque se identificó con su madre interna.

Salvo que, a través de un proceso consciente, la nueva madre decida no repetir el patrón, cuestión que ocurre con las mujeres maltratadas cuando niñas o aquellas que deciden no parecerse a su madre, es decir internalizan a su madre por contradicción.

Para quienes no celebren el día de la madre con felicidad este año, es importante acotar que esta "madre interna" es modificable intelectualmente. Cambiar las emociones, ese escondido y aún más poderoso resabio de la gestación, requiere un trabajo terapéutico.

Para Perla Sanhueza, el fenómeno de espejo que las madres evidencian en sus hijos es de una importancia brutal en quienes serán adultos más tarde. Las madres sobreprotectoras, autoritarias, "buena onda", descalificadoras o indiferentes, no harán más que transmitir todas esas actitudes a adultos que tendrán que sobrellevar a su madre, con todas sus "trancas" encima.

Por eso es que la psicóloga Bravo sugiere que quienes deseen tener hijos tomen en cuenta la enorme responsabilidad que implica la crianza, "estamos criando a un ser humano que va a cargar o tener muchas cosas de uno mismo, que estamos traspasándole casi por osmosis, por lo tanto, criar es una cosa muy seria, que tiene que tomarse con mucha responsabilidad". Y en cuanto a las mamás es tajante. "No hay una figura más poderosa en la vida de los seres humanos que la madre. De eso no hay duda", concluye. Ver menos

Familia y depresión

En la actualidad las sensaciones de impotencia que las personas experimentan día a día como consecuencia de los problemas económicos, políticos o sociales y, en general, el estrés y el estilo de vida al cual nos enfrentamos, son varios de los elementos que justifican el aumento de las depresiones.

La familia y los amigos



Los que rodean a un... Ver más deprimido también sufren. Generalmente no entienden lo que está pasando, dado que aparentemente no hay motivo para el estado del enfermo. Es esencial la adopción de una actitud comprensiva y abierta, recordemos que el deprimido suele tener una especial sensibilidad para las situaciones tristes, siendo incapaz de ver las positivas.

Es inútil pedirle a un deprimido que nos explique lo que le pasa, no podrá hacerlo. Si se insiste en ello, lo único que se conseguirá, es convencerle más de que no se le entiende, y en algunos casos irritarle. Tampoco se debe pretender que vea la realidad con objetividad, no podrá. Hay que entender que no está así por su gusto. Que no servirá de nada que le digamos que se anime o que se involucre en actividades. Lo que suponga un esfuerzo no está al alcance de su mano. Según la gravedad, hay cosas que no puede hacer, como divertirse, por mucho que otros se empeñen, ir a trabajar, viajar, leer, ver televisión o ir al cine. Estos suelen ser consejos que el deprimido no está en condiciones de seguir.

Lo mejor que pueden hacer las personas que se encuentren cerca de un deprimido, es transmitirle el sentimiento de que se les quiere y de que se tiene interés en ellos, sin agobiarles, y manteniendo una actitud de espera activa, convencidos de que saldrá de su situación. Simultáneamente a lo anterior, deben tratar de que el enfermo acepte la ayuda especializada de un psiquiatra y de un psicólogo.

Estrategias de manejo familiar



Cuando un ser querido está experimentando síntomas de depresión, debemos aprender acerca de la depresión y sus efectos, ayudar a comprender lo que está ocurriendo y desarrollar y utilizar estrategias para hacerle frente. La siguiente lista del Dr. Kelsey, del Departamento de Ciencias de la Conducta de la de la Universidad de Amory, Georgia, en Estados Unidos, sobre "cosas que se deben hacer" y "cosas que no se deben hacer" ofrece un punto de partida.

Lo que se debe hacer



Mantener una hora regular para acostarse y levantarse en la mañana. Reducir o eliminar la ingestión de cafeína. Dormir en una habitación fresca. Evitar ejercicios extenuantes antes de acostarse y usar la cama sólo para dormir o tener sexo, no leer, mirar TV o trabajar en ella. Luego tratar de tomar opciones saludables, como hacer ejercicio regular y vigilar la ingestión de alimentos sanos. Muchas personas con depresión presentan reducción del apetito. En estos casos, una nutrición apropiada resulta vital, otros experimentarán antojos por alimentos tales como chocolates o carbohidratos, y quizá pueden sentirse luego culpables tras haber abusado con estos antojos.

Otro aspecto consiste en comprender que las personas deprimidas tienen una perspectiva negativa. Los miembros de la familia necesitan comprender esto y tratar de hallar maneras para manejar la frustración que probablemente aparezca de vez en cuando.

Cuando la depresión reduce la capacidad de una persona para funcionar en el hogar, los miembros de la familia pueden tener dificultades para ajustarse. Algunas veces puede resultar útil relajar las normas domésticas de mantenimiento de la casa. El cónyuge o los hijos pueden hacerse cargo de algunas tareas domésticas adicionales.

Es importante reconocer que también los miembros de la familia están pasando por un período de estrés. Estos no deben sorprenderse si se sienten más fatigados o irritables, la depresión en la familia aumenta el nivel de estrés. Esto hace sumamente importante que los miembros de la familia tomen su tiempo para atenderse a sí mismos. Finalmente, la familia debe reconocer que la persona está enferma y que el tratamiento es prioritario, además de discutir abiertamente con el especialista el progreso y los efectos del tratamiento.

Lo que no se debe hacer



No excluir a la persona deprimida de los asuntos o discusiones familiares. No tratar de hacer todo por la persona con depresión, aunque pueda parecer la mejor manera de ayudar. Si bien la persona deprimida puede ser incapaz de hacer muchas cosas, aceptar algunas responsabilidades puede mejorar su autoestima. Un signo de advertencia en cuanto a tratar de hacer demasiado podría ser decir: "No. Yo lo haré", especialmente después que la persona deprimida ya haya empezado la tarea. Tratar de dar a la persona deprimida por lo menos la posibilidad de completar la tarea es lo más recomendable. No criticar o culpar a la persona por su conducta deprimida. No esperar que la persona resuelva su problema sola. Evitar la ingesta alcohólica.

Otro aspecto fundamental es el no tener temor de hacer preguntas. Con la depresión, muchas personas necesitan aprender por primera vez en sus vidas a preguntar y aceptar ayuda externa. Un médico, psicólogo, hospital, Internet, biblioteca o grupos locales de apoyo son buenas fuentes de información sobre depresión.

Con relación a las parejas, en especial, es fundamental no tomar decisiones vitales importantes, como casarse o divorciarse, cambiar de empleo o mudarse, durante una afección depresiva si es posible evitarlo. Y por último no deben tratar de arreglarse todos los malos hábitos durante la recuperación de la depresión. A medida que los síntomas de la depresión mejoran y el individuo se siente bien con los cambios significativos que está haciendo en su vida, la persona deprimida tiene una tendencia normal a sentir que también sería buen momento para dejar de fumar o abandonar algún otro hábito no saludable. De manera que es fundamental que la familia se integre y comprenda la situación del paciente depresivo, de manera que juntos puedan hacer más llevadero este trastorno. Ver menos

La televisión y la familia

Se ha responsabilizado en muchas ocasiones a la televisión de ser la causante directa de la falta de comunicación entre los miembros de la familia.

Sin embargo, no hay referencias de investigaciones que demuestren que los miembros de la familia se comunicaban más entre sí antes de 1950 que en la actualidad, ni que la vida comunal era más participativa sin la televisión. Lo que... Ver más sí es cierto es que la televisión aparece en momentos en que comienza a sedimentarse un intenso proceso urbano, iniciado pocos años antes, y que implicó cambios drásticos en la forma de vida, tanto al nivel de la familia como de la comunidad, y entre los cuales aparece la forma de comunicarse.

La vida de la familia, en la mayoría de los países, se ha visto afectada en su estructura y dinámica por estos cambios producto de la urbanización. Los miembros de la familia urbana tienen menos tiempo para compartir entre ellos, debido a la concurrencia de factores extrafamiliares, como son: La diversidad de horarios de sus miembros, las distancias desde el hogar a los sitios de trabajo y estudio, las dificultades de tránsito, las múltiples ofertas para satisfacer sus necesidades de recreación, entre muchos otros. Si a esto se agrega la restricción del espacio, las dificultades económicas y, en general, la gran cantidad de demandas y tensiones a las que tienen que enfrentarse los habitantes de las grandes urbes, se encuentran razones más poderosas y complejas que la presencia de la televisión para explicar el por qué de la "pérdida" de la comunicación en la familia moderna.

¿Qué vamos a ver?



La toma de decisiones con respecto a la televisión se expresa a través de lo que Leichter y colaboradores han llamado "ritual de los episodios de la televisión". El conocimiento de este ritual permite comprender cómo se da esa dinámica en cada familia, ya que algunos miembros tienden a prender la televisión más que otros y pueden considerarse como los iniciadores, en contraste con los no iniciadores. De esta manera, el miembro de la familia identificado como el iniciador, suele ser también el líder en otras áreas.

Con relación a lo que vamos a ver, pareciera una decisión fácil, pero en realidad son complicadas formas de comunicación interpersonal que comprenden relaciones del estatus interfamiliar, el contexto temporal, el número de aparatos disponibles y normas acordadas. La familia, como cualquier otro sistema, funciona de acuerdo a ciertas normas que garantizan su funcionamiento y sirven para establecer límites. La exposición a la televisión se hace bajo ciertas pautas que rigen su funcionamiento y al mismo tiempo permite que la familia ejerza control sobre sus miembros.

Es posible trazar un continuo en relación con las normas, que va desde la familia "laissez-faire" a la familia "autoritaria". El primer tipo se caracteriza por normas muy flexibles o la ausencia de ellas, permitiendo que cualquier miembro de la familia haga uso de la televisión indiscriminadamente. En el otro polo se ubican familias con normas que deben ser respetadas estrictamente.

Familia y comunicación



La comunicación en la familia puede enriquecerse o empobrecerse a través de la exposición de la televisión, dependiendo del estilo de vida de la familia y las circunstancias. En algunos hogares la televisión permanece prendida tanto tiempo como pasa la familia en actividad, pero la comunicación de la familia no parece verse alterada por este hecho. Por el contrario, en algunas circunstancias lo que hace es incrementarla, algunos programas de interés para el grupo propician la invitación a que otros miembros de la casa se acerquen y comenten sobre lo sucedido en episodios o capítulos anteriores, o sobre lo que esté ocurriendo en la pantalla en ese momento. Por lo general, las mujeres y los niños hacen del ver televisión una oportunidad para comunicarse, mientras que los hombres son más silenciosos.

La existencia de un solo televisor en el hogar, contribuye a que el ver televisión sea una actividad compartida, lo cual promueve, además de oportunidades de conversación, el contacto físico entre los miembros de la familia. Cuando una familia decide colocar un televisor en cada una de las habitaciones de sus miembros, implícitamente está pautando el aislamiento entre ellos y cuando uno cierra la puerta o usa audífonos está indicando, sin hablar, que no quiere comunicarse con los demás. En ocasiones, el ver televisión produce un contacto físico que no se observa en otros momentos. Pero, así como la televisión puede generar comunicación de cualquier tipo entre los miembros de la familia, puede interrumpirla. El ver televisión puede ser una excusa para hablar sobre temas particulares, evitando comunicaciones más profundas o regulando las conversaciones en la familia.

Televisión y aprendizaje



Se ha demostrado que "la gente aprende por la televisión" y ésta puede afectar diferentes áreas del televidente: Cognitiva, emocional o conductual. Los psicólogos Bandura y Walters, a finales de la década de los setenta, investigaron los efectos de la exposición a conductas violentas. Sus resultados expresan que los niños participantes en sus experimentos tienden a repetir la conducta de los modelos, pocos minutos después de haberla observado. Este hecho se ha convertido en una poderosa evidencia acerca de los riesgos de la exposición a determinados contenidos de la televisión, particularmente aquellos que responden a conductas antisociales. Sin embargo, desde la década de los ochenta, algunos investigadores se han dedicado a explorar el potencial de la televisión cuando presenta actos pro sociales, bajo el supuesto de que si es posible aprender "lo malo", también es posible aprender "lo bueno". Autores como Bryan y Walbek respaldan esta tesis. Ellos estudiaron la influencia de conductas cooperativas
televisadas en niños de edad escolar, y encontraron que aquellos que observaron conductas altruistas imitaron esas conductas, asimismo Stein y Friederich han hallado, con respecto al aprendizaje de conductas no agresivas, que al observar a los modelos "pacíficos", los niños aprenden a autocontrolarse.

De manera que los problemas de la comunicación familiar suelen ser causados por múltiples factores, tanto intra como extrafamiliares. En todo caso, cuando la televisión se convierte en un recurso frecuente para evitar o interrumpir la comunicación en la familia, esto debe interpretarse como un síntoma de desequilibrio en el sistema familiar como un todo y no como una conducta aislada. Pero la televisión también es una oportunidad para el encuentro familiar, "el ver televisión es un hábito conveniente cuando se realiza en grupo". Ver menos

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