Es inútil pedirle a un deprimido que nos explique lo que le pasa, no podrá hacerlo. Si se insiste en ello, lo único que se conseguirá, es convencerle más de que no se le entiende, y en algunos casos irritarle. Tampoco se debe pretender que vea la realidad con objetividad, no podrá. Hay que entender que no está así por su gusto. Que no servirá de nada que le digamos que se anime o que se involucre en actividades. Lo que suponga un esfuerzo no está al alcance de su mano. Según la gravedad, hay cosas que no puede hacer, como divertirse, por mucho que otros se empeñen, ir a trabajar, viajar, leer, ver televisión o ir al cine. Estos suelen ser consejos que el deprimido no está en condiciones de seguir.
Lo mejor que pueden hacer las personas que se encuentren cerca de un deprimido, es transmitirle el sentimiento de que se les quiere y de que se tiene interés en ellos, sin agobiarles, y manteniendo una actitud de espera activa, convencidos de que saldrá de su situación. Simultáneamente a lo anterior, deben tratar de que el enfermo acepte la ayuda especializada de un psiquiatra y de un psicólogo.
Otro aspecto consiste en comprender que las personas deprimidas tienen una perspectiva negativa. Los miembros de la familia necesitan comprender esto y tratar de hallar maneras para manejar la frustración que probablemente aparezca de vez en cuando.
Cuando la depresión reduce la capacidad de una persona para funcionar en el hogar, los miembros de la familia pueden tener dificultades para ajustarse. Algunas veces puede resultar útil relajar las normas domésticas de mantenimiento de la casa. El cónyuge o los hijos pueden hacerse cargo de algunas tareas domésticas adicionales.
Es importante reconocer que también los miembros de la familia están pasando por un período de estrés. Estos no deben sorprenderse si se sienten más fatigados o irritables, la depresión en la familia aumenta el nivel de estrés. Esto hace sumamente importante que los miembros de la familia tomen su tiempo para atenderse a sí mismos. Finalmente, la familia debe reconocer que la persona está enferma y que el tratamiento es prioritario, además de discutir abiertamente con el especialista el progreso y los efectos del tratamiento.
Otro aspecto fundamental es el no tener temor de hacer preguntas. Con la depresión, muchas personas necesitan aprender por primera vez en sus vidas a preguntar y aceptar ayuda externa. Un médico, psicólogo, hospital, Internet, biblioteca o grupos locales de apoyo son buenas fuentes de información sobre depresión.
Con relación a las parejas, en especial, es fundamental no tomar decisiones vitales importantes, como casarse o divorciarse, cambiar de empleo o mudarse, durante una afección depresiva si es posible evitarlo. Y por último no deben tratar de arreglarse todos los malos hábitos durante la recuperación de la depresión. A medida que los síntomas de la depresión mejoran y el individuo se siente bien con los cambios significativos que está haciendo en su vida, la persona deprimida tiene una tendencia normal a sentir que también sería buen momento para dejar de fumar o abandonar algún otro hábito no saludable. De manera que es fundamental que la familia se integre y comprenda la situación del paciente depresivo, de manera que juntos puedan hacer más llevadero este trastorno.