Cárdenas -

La madre que todos llevamos dentro

13/06/2005
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La relación tan íntima y satisfactoria entre hijo y madre hunde sus raíces en los fundamentos de la “geometría mental” del futuro adulto.

Ineludible, avasalladora y vital, la figura de la madre se instala a fuego en la mente del hijo y dirige, desde allí, cómo será toda la historia emocional del vástago. Su voz dictará con quiénes se relacionará en el futuro, se hará oír al momento de escoger pareja y le dirá cómo criar a sus propios hijos. He aquí el peso de quien pervive en nosotros desde que nacemos hasta el último suspiro. Feliz día, mamá.

Más poderoso, estrecho y enrollado que el cordón umbilical, la impronta de nuestras madres se nota más allá de que nos parezcamos físicamente o nos sorprendamos diciendo o haciendo cosas que ella hacía.

Esta huella se instala, sutil e imborrable, en el cuaderno secreto de la mente del hijo, donde habita el inconsciente. Entonces, no contenta con ser la madre que parió, amamantó y crió, ella, o más bien su imagen y modelo de crianza, se queda en el hijo para siempre. Desde allí dictará lo que el hijo considere bueno o malo, lo que piense y sienta en torno a la sexualidad, sus creencias en torno al comportamiento de un hombre o una mujer, la elección de pareja, cuánto y cómo nos queremos a nosotros mismos, y claro, de qué forma serán criados sus propios nietos. Es como llevar una madre interna cuya voz es imposible desoír, con todo lo positivo y negativo que eso conlleva.

Esta historia de amor comienza con el embarazo mismo. El hijo desde que es embrión comienza a sentir a su madre. Si bien no sabe quién es, siente su voz y los latidos de su corazón. Desde entonces la conexión es profunda. Al nacer, la etapa de la lactancia es crucial. "Aunque no puede conceptualizarlo el bebé considera a esa persona a quien siente, escucha y quien satisface sus necesidades más primitivas, cuando siente hambre o frío, como la persona que es capaz de salvarlo del dolor, de protegerlo y satisfacer todo lo que él necesita", asegura la matrona y psicóloga infantil Lorena Bravo Castillo.

Esta relación tan íntima y satisfactoria entre hijo y madre también hunde sus raíces en los fundamentos de la "geometría mental" del futuro adulto. Si el hijo llora porque tiene hambre y la madre lo toma, lo acurruca y le da de mamar, "¿acaso no es posible imaginar un parentesco de lo bello con la placidez y serenidad de la mirada satisfecha del bebé luego de experimentar la precisa sucesión de los eventos que esperaba? ¿Acaso, si pudiera, no nos diría el bebé que la mirada de su madre es la constelación más bella que lo ilumina? ¿Acaso no podríamos poner en este momento el sustento originario del enamoramiento?", aventura el psiquiatra y psicoanalista León Cohen.

A su juicio, será el recuerdo de esa contención que da la madre, el principal capital emocional futuro. "Esa memoria puesta en actividad será lo que nos permita oírnos a nosotros mismos, oír nuestras necesidades y además ser capaz, ahora, de ser como nuestra madre, es decir, ser capaz de tolerarnos, contenernos y de ser serviciales con nosotros mismos. Sólo identificados con esto, es decir, siendo capaces de ayudarnos y contenernos a nosotros mismos con verdad seremos capaces de jugar el mismo rol con los demás : amar a tu prójimo como a ti mismo", explica Cohen.

El psiquiatra señala que empezamos a ser individuos luego del parto, "pero en nuestra mente construimos una relación tan estrecha con todo lo que percibimos de nuestra madre, que parece reproducirse en la memoria nuestra simbiosis perdida. En este estado de cosas, todo lo que represente a esa madre en la mente del niño de meses, sean olores, ruidos, colores o temperaturas, es la substancia de lo que podemos entender como ideal, como lo bueno y lo bello en sí, como el trasfondo último de lo que llamamos enamoramiento".

Si así de vital es la primera conexión con la madre, la ausencia de ella o su lejanía resulta nefasta, como suele ocurrir con los niños abandonados o maltratados tempranamente. Porque en esos casos falla un concepto primordial que ocurre desde el nacimiento hasta los dos años de edad: la "confianza básica". El bebé empieza a sentir que depende en todo sentido de ese ser humano al que luego llamará mamá. En el fondo, que existe una persona en el mundo que puede satisfacerlo, acogerlo y calmarlo. Y si bien la madre es primordial, también esa función podría ejercerla alguien como la madre sustituta, la abuela o un pariente. Es esa relación la que permite desarrollar todos los vínculos emocionales futuros de este nuevo ser humano. Y lo de todos no es metáfora. Hasta la capacidad de establecer una relación de pareja estable depende de esta confianza.

"Un ser humano con confianza básica adquirida, sólida, para adelante tiene menos probabilidades de tener problemas en su desarrollo emocional. Da un cimiento, una base solidísima para empezar a formarte como ser humano", precisa Lorena Bravo. La psicóloga infantil llama la atención sobre un fenómeno que ocurre en la mente de los niños. Cuando la madre no está, para ellos es como si ya no existiera. Por eso es común la pataleta, el ataque de llanto, la desesperación que algunas guaguitas sienten cuando la mamá no está. Sin embargo, cuando el hijo tiene cerca de ocho meses, y asentado en su "confianza básica", simplemente comienza a entender que la mamá puede que no esté en ese momento, pero volverá. Y lo más probable es que si llora, su madre aparecerá. El niño que no cuente con esa base simplemente no confiará en el mundo y dará tumbos en sus relaciones emocionales. Su "madre interna" le hablará de la frustración de no haberla tenido, durante el resto de su vida.

Las madres crían a sus hijos de la manera que consideran correcta. Lo sea o no, según cómo fue su relación con sus propios padres.

Sin embargo, la psicóloga y terapeuta de parejas Perla Sanhueza, hace hincapié en un aspecto que no siempre es evidente en la crianza. "El niño no internaliza el mundo de las personas significativas como uno de los posibles mundos, sino como ‘el mundo‘, el único que es concebible, por eso es que es de suma importancia el cómo internalizamos a los padres, en este caso a la madre en nuestra manera de existir".

Como se trata de lazos emocionales únicos en la vida, esa relación será el punto de referencia para compararlos con los que vengan. Por eso es que "es fundamental para un buen desarrollo personal, tanto para hombres como mujeres estar consciente de que llevamos dentro los patrones de crianza y de los modelos para poder actuar y crear alternativas de conducta y emociones", si la experiencia de ser hijo de sus padres no resultó positiva.

Y cuando se elige pareja, todo este rollo de la madre se evidencia con fuerza. "Vemos cómo la mujer y el hombre se enamoran por igual y por primera vez de una mujer (la madre), imagen que imprimen en lo profundo de sus mentes desde que nacen y que nunca más podrán borrar. Para la mujer será un desafío gigantesco poder movilizar ese profundo amor y cercanía desde una mujer hacia un hombre, es decir, enfrentar los dolores de la ambivalencia y reconocer en la madre también una rival. Por ello, la mujer necesita una potente y precoz diferenciación para así lograr ser una mujer diferente, lograr tener su propia sexualidad y sus propios hijos", explica Cohen.

Sin embargo, el psicoanalista precisa que pese a "esa intensa y cercana intimidad que vemos entre las mujeres en todos los rincones, se aprecia que esa ligazón originaria jamás la ha podido sustituir por completo un hombre, a pesar de las exigencias de las propias mujeres. La mujer tiene en su propia mujer amada a la rival. Lleva esto en su mente, lo vive y lo teme en la cotidianeidad, lo refleja en el temor hacia la amiga separada, hacia una hermana, en el celo hacia la compañera de trabajo".

¿Y qué pasa cuando la hija de su madre tiene sus propios hijos? Es altamente probable, por no decir inevitable, que la hija repita los actos y decires de su madre. Hasta la comida le puede quedar igual a la que le preparó su mamá, incluso les transmitirá a sus hijos cosas que escuchó de niña, porque se identificó con su madre interna.

Salvo que, a través de un proceso consciente, la nueva madre decida no repetir el patrón, cuestión que ocurre con las mujeres maltratadas cuando niñas o aquellas que deciden no parecerse a su madre, es decir internalizan a su madre por contradicción.

Para quienes no celebren el día de la madre con felicidad este año, es importante acotar que esta "madre interna" es modificable intelectualmente. Cambiar las emociones, ese escondido y aún más poderoso resabio de la gestación, requiere un trabajo terapéutico.

Para Perla Sanhueza, el fenómeno de espejo que las madres evidencian en sus hijos es de una importancia brutal en quienes serán adultos más tarde. Las madres sobreprotectoras, autoritarias, "buena onda", descalificadoras o indiferentes, no harán más que transmitir todas esas actitudes a adultos que tendrán que sobrellevar a su madre, con todas sus "trancas" encima.

Por eso es que la psicóloga Bravo sugiere que quienes deseen tener hijos tomen en cuenta la enorme responsabilidad que implica la crianza, "estamos criando a un ser humano que va a cargar o tener muchas cosas de uno mismo, que estamos traspasándole casi por osmosis, por lo tanto, criar es una cosa muy seria, que tiene que tomarse con mucha responsabilidad". Y en cuanto a las mamás es tajante. "No hay una figura más poderosa en la vida de los seres humanos que la madre. De eso no hay duda", concluye.

 
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