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¿Eres una persona obsesiva?

Hace 7 mesesWebMaster
Sin darnos cuenta, ciertas manías terminan gobernando nuestras vidas. Lee esta nota y aprendé a reconocer si tu caso es digno de una terapia.

¿Cree que hay manías individuales que pueden perjudicar la convivencia de una pareja?

Manías como lavarse las manos más de 5 veces al día, cerrar la puerta con todas las llaves de San Pedro, entrar a una casa y limpiarse... Ver más las suelas hasta gastarlas, la enfermedad por la limpieza de la casa , el miedo al contagio y otras; son patologías dignas de diván. Cada una de ellas denota un aspecto oscuro de nuestra existencia e invita a quedarnos solos si con el tiempo no se extinguen. Claro que muchas de las personas que nos rodean no tienen más remedio que tolerarlas, pero por que parezcan un simple detalle , a veces, tornan insostenible la convivencia familiar, laboral o social.

Conozca que hay detrás de esto que los especialistas coinciden en llamar "trastornos obsesivos-compulsivos".

Malas costumbres con nombre científico



Hay quienes no pueden pisar la calle sin tener absolutamente todo su vestuario combinado o quienes no estarán tranquilos si el escritorio permanece sin un orden estricto a lo largo de la jornada laboral. Más o menos importantes, estas , o pequeñas obsesiones, pueden convertirse en serias molestias para el entorno cotidiano y, por supuesto, para los que sufren como espectadores. Lo cierto es que todos las tenemos y, según la opinión de los piscólogos, la mayoría de ellas revelan una falta de confianza en nosotros mismos, sentimientos que suelen acentuarse con la edad.

Todas revisten importancia como para hacer una terapia, aunque más no sea una cortita, cuando su ritual se prolonga por más de una hora diaria y cuando comienzan a contrariar las actividades habituales. En este punto es probable que se hayan convertido en “trastornos obsesivos- compulsivos”, una patología descubierta recientemente.

"Yo soy así"



Las manías tienen dos connotaciones insoportables: como toda adicción, quien las padece no siempre suele reconocerlas, y cuando las admiten, por una cuestión de rebeldía, responden ante las críticas de quienes las contemplan con un "yo soy así". Obviamente, esto se traduce con un "si no te gusta ya sabes lo que tenes que hacer…", algo que hace la convivencia insoportable.

Las obsesiones más fecuentes

- Limpieza enfermiza: Nunca largan el trapo, lo sacan a relucir aún en la reuníon más paqueta y hasta pueden llegar a barrerle los pies a las visitas. Ciertas personas que la padecen llegan a trasladar este vicio a su higiene personal. Indudablemente representa un gran desconformismo con la propia imagen y son personas que viven pendientes del qué dirán.
- Obsesión por el orden: Se trata de individuos que no pueden comenzar a trabajar o acostarse sin haber ordenado minuciosamente sus cosas sobre el escritorio o en la casa. No pueden vivir sin darle a un objeto el lugar exacto. Son personas que temen a los cambios, muy inseguras.
- Miedo al contagio: Por temor a contraer alguna enfermedad, algunos no manipulan los billetes o jamás van a los restaurantes para no tocar cubiertos que hayan sido utilizados por otros. Son personas con una gran cuota de desconfianza en los demás, además, generalmente mezquinas y muy calculadoras de todos sus actos.
- Toser y acomodarse la corbata: Son más masculinas que femeninas: ellos tosen cada vez que tienen la palabra , se acomodan la corbata incansablemente o se quitan basuritas imaginarias de la ropa. Son transtornos que hablan de seres que quieren impresionar o manifiestan un estado de incomodidad en un lugar o una situación. La versión femenina es la que está todo el tiempo "espejito, espejito..."
- Verificaciones interminables: Para los obsesivos es imposible abandonar su domicilio, aunque más no sea por una hora, sin haber verificado 10 o hasta 15 veces que la luz está apagada, las persianas bajas, y la lista continúa. Se escudan bajo el argumento de la seguridad, pero en realidad son ellos los inseguros, sujetos con una gran carga de ansiedad.
- Rituales para filmar: son tan vuelteros que dejan de realizar la mitad de las cosas que se proponen o hacen que los demás terminen por abortarlas. Solamente un tratamiento puede ayudarlos Ver menos

La mentira

Hace 7 mesesWebMaster
Una de las actitudes más perniciosas y que más molesta a los seres humanos es ser víctima de una mentira. Pero cuando se hace un análisis más profundo de ella, podemos encontrar sorpresas sobre su verdadera esencia y, sobre todo, en la importancia que tiene en nuestras vidas en pareja, en familia, en comunidad, en nuestras relaciones de trabajo. La mentira, sin duda alguna, es una parte... Ver más importante con la que nos enfrentamos cotidianamente en la vida.

El acto de mentir se define como la intención deliberada que tiene una persona de engañar otra. La mentira viene a ser simplemente, algo que no es verdad, que no es real.

Clasificación de las mentiras



Existen dos formas fundamentales de mentir: a través del ocultamiento y a través del acto mismo de falsear. El mentiroso que oculta, retiene cierta información sin decir en realidad, algo que falte a la verdad. El que falsea da un paso adicional: no sólo retiene información verdadera, sino que presenta información falsa como si fuera cierta.

Para que un acto de mentira se concrete, a menudo, el mentiroso combina ambas formas de engaño, pero en muchas ocasiones, se conforma simplemente con el ocultamiento, pues muchos consideran que ocultar información no es mentir.

Cuando un mentiroso está en condiciones de mentir, por lo general prefiere ocultar y no falsear. En primer lugar, porque resulta más fácil: no existen historias que inventar ni posibilidades de ser descubierto. Por otra parte, el ocultamiento parece menos censurable. Es pasivo, no activo y los mentirosos suelen sentirse menos culpables cuando ocultan que cuando falsean, aún cuando sus víctimas resulten igualmente perjudicadas.

Por otra parte, las mentiras por ocultamiento son mucho más fáciles de disimular una vez descubiertas. El mentiroso no se expone tanto y tiene muchas excusas a su alcance: su ignorancia sobre el asunto, o su intención de revelarlo más adelante, o simplemente "se le olvidó".

Existen mentiras que de entrada obligan al falseamiento y para las cuales el ocultamiento simplemente no basta. Por ejemplo, si alguien pretende obtener un empleo mintiendo acerca de su experiencia laboral, con el ocultamiento sólo no le bastará: deberá ocultar su falta de experiencia pero además, tendrá que elaborarse una historia de experiencia laboral previa.

También se apela al falseamiento, por más que la mentira no lo requiera en forma directa, cuando el mentiroso quiere encubrir las pruebas de lo que oculta, necesario fundamentalmente cuando lo que se quiere ocultar son emociones. Es muy difícil ocultar una emoción actual, en especial si es intensa. El terror es menos ocultable que la preocupación. La furia menos que el disgusto. Cuanto más fuerte sea una emoción más probable es que se filtre alguna señal pese a los esfuerzos del mentiroso por ocultarla.

Otra forma de mentir, es la que los expertos en el arte del engaño llaman "medias verdades" o "verdades retorcidas", de tal modo que la víctima no la crea. En la primera, cuando la persona engañada emplaza al mentiroso acerca de un asunto, éste no lo niega, por el contrario le da la razón a su víctima, pero hasta cierta parte de la historia. La otra parte es mentira. De esta manera, la persona engañada cree en la verdad de las palabras del mentiroso.

En el caso de las verdades retorcidas, el mentiroso dice la verdad de tal modo que la víctima no lo crea, es decir, dice la verdad falsamente. Es el caso del esposo que llega tarde a la casa y cuando su mujer el pregunta en dónde estaba, éste le contesta: "con mi amante, como me acuesto con ella todos los días, tenemos que estar en permanente contacto". Esta exageración de la verdad pone en ridículo a la esposa y le dificulta proseguir con sus sospechas. También servirá para el mismo propósito un tono de voz o una expresión de burla.

Se puede hablar de tres clases de mentira: la racional, la emocional y la conductual.

En la mentira racional, lo básico es que lo que se dice, se siente o se hace, se contrapone con la verdad racional. Se falsea la verdad por algún interés. Es más profunda, mucho más malvada, es la mentira hecha para dañar a los demás. Es el caso de una amiga envidiosa que le dice a otra que su marido la engaña con el propósito deliberado de causar daños en su matrimonio.

La mentira emocional, en la que lo básico es que, lo que se dice, se siente o se hace no concuerda con la situación emocional del mundo afectivo. Un ejemplo de esto podría ser el caso de los esposos que cuando llegan a la casa tratan de parecer enojados, por alguna mala situación en el trabajo, el tráfico pesado o cualquier otra circunstancia, cuando en realidad estaban en una fiesta jugando dominó con sus amigos, o simplemente pasándola bien con su amante. Tratar de parecer enojado, no es fácil, pero ayuda mucho si además se frunce el ceño.

Y el tercer tipo de mentira, que es mucho más elaborada, es la mentira conductual en la que se trata de actuar o dejar actuar de forma deliberada para decir que somos lo que no somos. Es el caso del galán vanidoso de mediana edad, que la oculta ante su novia o amante, tiñéndose las canas y afirmando tener siete años menos.

Las mentiras... ¿Tienen patas cortas?



En más de una oportunidad hemos escuchado decir que las mentiras tienen patas cortas, pues en ocasiones se descubren más rápido de lo que pensamos. Las mentiras fallan por muchas razones. A veces, la víctima del engaño descubre accidentalmente la verdad al encontrar una carta de amor escondida, una mancha de pintura de labios o al escuchar una conversación íntima por el teléfono auxiliar que levantó al mismo tiempo que su pareja.

También puede ocurrir que otra persona delate al mentiroso: un colega envidioso, una esposa abandonada, un informante que ha sido pagado, son algunas de las fuentes básicas para descubrir un engaño.

Sin embargo, la persona mentirosa también se delata por múltiples pistas como un cambio en la expresión facial, un movimiento del cuerpo, la inflexión de la voz, el hecho de tragar saliva, un ritmo respiratorio excesivamente profundo o superficial, largas pausas entre las palabras, un desliz verbal, una microexpresión facial o un ademán que no corresponde.

Ahora bien, ¿Por qué los mentirosos no pueden evitar estas conductas que los delatan? Las razones son dos: una de ellas ligada a los pensamientos y otra a los sentimientos.

Mentiras relacionadas con los sentimientos



El hecho de no haber pensado de antemano, programado minuciosamente y ensayado el plan falso es sólo uno de los motivos por los cuales se cometen deslices que ofrecen pistas sobre el engaño.

Los errores se deben a la dificultad de ocultar las emociones o de inventar emociones falsas. No toda mentira lleva consigo una emoción, pero las que sí, causan al mentiroso graves problemas.

Cuando se despiertan emociones, los cambios sobrevienen casi al instante sin dar cabida a la deliberación. El pánico que siente el mentiroso de ser descubierto produce señales visibles y audibles, pues es algo que está más allá de su control.

Las personas no escogen deliberadamente el momento en que sentirán una emoción. Ocultar una emoción no es fácil, pero tampoco lo es inventar una no sentida, aunque no haya otra emoción que disimular con ésta. En este caso, el falseamiento se hace tanto más arduo cuanto mayor es la necesidad que existe de él, especialmente si éste contribuye a ocultar otra emoción.

Las mentiras relacionadas con pensamientos no involucran emociones. Son las mentiras acerca de planes, ideas, acciones, intenciones, hechos o fantasías. Defender la verdad es mucho más complicado que decir una mentira en este caso. Por ejemplo, el que plagia oculta que ha tomado una obra ajena presentándola como propia, mintiendo sin sentirse culpable.

Mentira y personalidad



Los seres humanos decimos, sentimos y hacemos mentiras en muchas épocas de nuestras vidas.

Así, el niño es mentiroso en la misma medida en que sus fantasías se hagan presentes para confundirlas con realidades. El adolescente es un mentiroso en la medida en que su encuentro con el mundo real, cause frustraciones. El joven es mentiroso, en tanto y en cuanto no se sienta capaz de confrontar las verdades que le adversan. El adulto es mentiroso cuando no ha logrado superar los obstáculos que le ha puesto la vida y por lo tanto para sentirse el triunfador que nunca ha sido, engaña. Por último, el anciano es mentiroso cuando no se perdona los errores que ha cometido en su vida.

De acuerdo con esto, en la misma proporción en que el niño aprenda a diferenciar el mundo real de sus fantasías, que sepa enfrentar sus diferencias con los demás para irlas comprendiendo y confrontando en la juventud y la adultez y en la misma medida en que los ancianos se hayan sentido valiosos, triunfadores en la vida, se podrá confrontar la posibilidad de la mentira como una traición destructiva.

Si esto no se hace, la mentira puede transformarse en un instrumento de evasión ante la frustración.

Mentira y profesión



Un escritor tiene que hacer creíble la historia que cuenta a través de conocimiento racional, del manejo emocional y de la credibilidad accional.

Un político tiene que hacer creíble su mensaje emocional de trabajo por el grupo, a través de mensajes racionales, honestos y de acciones acordes con lo que dice sentir.

Un actor tiene que hacer creíble -a través de sus acciones- una realidad que le es ajena a su personalidad, a través de una gran honestidad y de una gran sinceridad.

Por otra parte, todos los que trabajen con las ciencias y la tecnología tienen que ser fundamentalmente honestos.

Existen muchas clases de mentiras, entre las que se cuentan los chismes, los rumores, las murmuraciones y las tan nombradas "mentiras blancas o altruistas" que se dicen en casos extremos, como el del niño que pierde sus padres en un accidente y cuando recobra la conciencia, al preguntar por ellos, sus médicos le dicen que están bien, pese a que habían muerto. Pero en líneas generales, la mentira daña la relación de confianza en la familia, en la pareja, el trabajo y en general, en todos los aspectos de nuestra vida.

La mentira puede hacer daño a quien la recibe, pero a quien más perjudica es al mentiroso, pues se convierte en una persona poco seria, digna de poca confianza y credibilidad. Muestra de ello es que políticos y empresarios, entre otros, han sido víctimas de su falsa forma de llevar la vida y su trabajo. Recordemos aquel famoso refrán que dice "en la persona mentirosa, la verdad se vuelve dudosa". A eso nos lleva la mentira Ver menos

Infidelidad ¿genética o aprendida?

Hace 7 mesesWebMaster
Constantemente la relación de pareja se ve amenazada por el fantasma de la infidelidad.

Cuando en una relación de pareja, aparece un tercero, esta circunstancia es resentida severamente por la persona burlada. Cuando la infidelidad surge, se convierte en una situación de mucha pena y tristeza para ambos. La pareja engañada se pregunta qué sucedió y se autocuestiona pensado qué... Ver más fue lo que hizo mal. La pareja infiel, pese a que se siente bien con su segundo frente, cuando es descubierta por su pareja habitual, se siente confundida, se pregunta si se habrá equivocado de pareja, cree no estar enamorado de ella, se siente mal porque sabe que le está haciendo daño y no sabe como resolver la situación. Muchas veces espera que sea la pareja engañada la que tome la decisión de separarse o divorciarse, para poder sentirse bien consigo misma.

Cabe entonces preguntarnos: ¿Por qué si todos saben que la infidelidad daña y destruye a los miembros de una pareja sigue siendo tan común?.

Amor humano... ¿o amor animal?



La respuesta a la pregunta anterior podemos encontrarla en los trabajos realizados al respecto por el profesor David Buss de la Universidad de Michigan y el autor del libro "El Animal Moral", Robert Wright, en los cuales se afirma que la infidelidad está inscrita genéticamente en nuestro código instintivo. Buss y Wright coinciden al explicar que la naturaleza dotó a todos los seres humanos de un gen de la infidelidad que tiene mucho que ver con la Ley de Conservación de las Especies. Según esto, el hombre debería tener el mayor número posible de relaciones con varias y distintas mujeres para garantizar el tener un número considerable de hijos y perpetuar a la raza humana.

Las mujeres por su parte, no sólo tendría el instinto de tener hijos, sino que también deben procurar tener una mejor descendencia. Procurarán procrear con "el código genético" del varón más fuerte, inteligente, valeroso, aplicando la Ley de Sobrevivencia del más fuerte.

En el mundo animal, la característica primordial es la poligamia, lo que nos muestra que la vida entre los animales es puramente instintiva. Permanentemente vemos la conducta de los perros tras la perra cuando está en celo. Las peleas entre los gatos, en donde el más fuerte tendrá a la gata... etc.

La psicología evolutiva ha tomado las normas de comportamiento sexual del mundo animal y ha tratado de determinar en qué medida, el comportamiento instintivo del animal humano prevalece o influye en su comportamiento racional y único.

Sin embargo y a pesar de sus investigaciones Wright manifestó que no existe ninguna coacción genética sobre lo que el ser humano no tenga control. "Los genes, digan lo que digan, nunca decidirán por nosotros si deseamos o no ser infieles".

Los animales carnívoros no deciden comer frutas y los animales vegetarianos no cazarán ni comerán carne. El ser humano DECIDE! que clase de comida comerá de acuerdo a la moda o a sus gustos aprendidos y culturales. El código cultural es tan complejo y milenario, que no dudamos que ya existan cargas genéticas "culturales". De tal manera que, sin desmerecer la vida instintiva, tenemos que entender al hombre como un ser biológico pero además Psicosocial. El ser humano está en absolutas condiciones de decidir si quiere ser o no ser fiel, e inclusive, si quiere mantenerse casto, sin que esto afecte su conducta. Así, si algún día su pareja le dice: "Mi amor tuve que serte infiel por culpa de mis genes"... No le crea! porque seguramente la razón será mas racional que genética. Ver menos

Efectos de la crítica

Hace 7 mesesWebMaster
La crítica destructiva puede cambiar nuestra vida y arrastrar detrás de sí una serie de perturbaciones. Hay muchos estilos de crítica, como el directo, que toma la forma de insultos abiertos. El venenoso, que se hace basándose en comentarios sarcásticos y burlones. El indirecto, que pone en evidencia los puntos débiles del otro. Pero sea cual sea la forma de la crítica, si se vive para... Ver más criticar, este comportamiento afecta el cuerpo negativamente. El cuerpo sufre o crece, con cada pensamiento que entra en la mente. Criticar lleva al odio y la rabia, a los celos, a la ansiedad, la ira, estados que destruyen las células del cuerpo e inducen a enfermedades del corazón, el hígado, riñones, bazo y estómago, y disminuyen el sistema inmunológico. La crítica no sólo enferma sino que deteriora las relaciones interpersonales.

La crítica duele, lastima y destruye. El hábito de la crítica tiene efectos corrosivos, tanto a corto como a largo plazo, en una relación de pareja. Mina los buenos sentimientos mutuos en que está basado el amor conyugal, hace que nos concentremos más en los defectos de nuestra pareja que en sus virtudes, enfría la pasión sexual, hace que los cónyuges se pierdan el respeto, alimenta la tendencia sadista que hay en muchas personas, de tal modo que terminan por encontrar placer en lastimar continuamente a su pareja. Mariano González comenta que: "el diálogo crítico en el matrimonio es necesario como la autocrítica con nosotros mismos", como una manera de ver qué cosas debemos modificar para ayudar que la relación crezca y sea fructífera. "Pero, una crítica destructiva, genera una tensión violenta que produce daños graves y puede llegar a ser motivo de ruptura y transformación. La violencia nunca es buena consejera, cuando se trata de llegar a un entendimiento. Cuando se quiere salvar una situación, la mente
pensante elabora razones sólidas para no verse envuelta por las emociones...".

"Si las críticas que tiene que soportar alteran sus propias razones, se produce el desequilibrio, y la emoción irrumpe como defensora de las razones, el cerebro se va a defender de las agresiones". Si se encuentra en una situación como ésta, trate de detenerse siempre a pensar, antes de hablar. Grábese en la mente una regla de oro: "Si no puede decir algo bueno de alguien, no diga nada". Una vez que se detenga a pensar, analice la situación y vea si hay manera de hacer un comentario agradable, en lugar de una crítica. Frene sus pensamientos y sus frases de crítica en el instante mismo en que aparezcan en su mente y no deje que lleguen a sus labios. Por otro lado, si es víctima de estos criticones empedernidos, se llevará mejor con ellos comprendiéndolos, evitando provocarlos, estableciendo reglas claras que eviten malos entendidos, definiendo lo que les molesta para evitarlo, y cuando se han encendido, conviene darles tiempo para que se enfríen y evitar presionarlos. Ver menos

La intolerancia

Hace 7 mesesWebMaster
"Te ves mal", "no sirves para nada", "pareces una antigüedad", "no los soporto"... Son frases típicas de personas cuyo sentido de vida es criticar sin medir las consecuencias.
Quienes critican no se dan cuenta de que existe mucho más de positivo en las personas de lo que puedan pensar, pero en muchas ocasiones se sienten atraídos más bien por el defecto, por lo negativo. El problema es... Ver más que cualquiera que critique va a penetrar en las emociones del otro, hiriendo su sensibilidad o golpeando su autoestima.

Aceptar la discrepancia



"Cada persona ha aprendido, grabado y aceptado, a lo largo de la vida, patrones, pautas fijas acerca de lo que debe ver como bueno, agradable, sano o adecuado, así como lo que debe procesar desde el prejuicio de desagradable, inadecuado, enfermizo y feo. Por ello, es muy difícil pretender que todos estemos de acuerdo o que entendamos y valoremos la vida de forma similar", señala el autor Yagosesky. "Cada cabeza es un mundo", lo que a unos les molesta a otros les gusta, lo que a algunos nos asusta a otros los entusiasma, y cosas que nunca haríamos, otros las hacen a diario.

Entonces, si está comprobado que somos realmente diferentes, parece ilógico ser tan desconsiderados e intolerantes ante las diferencias de criterio o personalidad. La filósofo Amalia Gómez plantea que "el aprendizaje de la tolerancia es un ejercicio continuado de asumir la posibilidad de discrepar. Pero, sobre todo, hay que hacerlo tratando de comprender las razones que llevan a nuestro interlocutor a posiciones distintas y distantes de las propias. En ocasiones se dice: 'Yo contigo no hablo de este u otro asunto', como si tener opiniones contrapuestas fuera un muro en la relación personal, laboral o de vecindad".

La realidad es que todo proceso de exclusión o rechazo se basa en el miedo. Tememos lo nuevo, lo distinto, lo desconocido, lo que no logramos comprender, explicar o manejar, y los individuos intolerantes suelen enfermarse con mayor facilidad que el resto de las personas, resulta más difícil estar con ellos, son desconsiderados con los demás, se portan como víctimas que culpan a los otros de sus males, son dominadores, tienden a ser fácilmente violentos y ofensivos, suelen exagerar los hechos y reaccionan con comportamientos automáticos de los cuales luego se arrepienten.

Yagosesky explica: "La intolerancia puede ser aprendida en la casa o en la escuela. En los hogares segregadores, en los que se cree que algunos son superiores y deben mandar, y algunos son inferiores y deben obedecer, la intolerancia se instala legitimada, aceptada y avalada. El machismo, el feminismo, el racismo se basan en la intolerancia".

Para combatir nuestra personal intolerancia, es esencial respetar a todos los seres, aceptar que todos podemos equivocarnos y que ésa es la forma usual de aprender, por ensayo y error. Buscarle a todo el lado positivo y agregarle una dosis de buen humor. Y, sobre todo, aceptar la discrepancia, éste es el principio del aprendizaje de la convivencia y de la relación interpersonal. Como dice Amalia Gómez: "Siempre se está a tiempo de aprender a discrepar, que viene a ser como el inicio del ejercicio de la tolerancia".

No se trata de hacer dejación de lo que uno piensa o siente, sino que es nada más y nada menos que encontrarnos a través de la palabra con los que piensan o sienten de manera distinta.... Ver menos

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