Cárdenas -

La batalla más cruel

15/09/2005
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La pelea es descarnada. Algo si es seguro, se termina dañando precisamente lo que se asegura que están defendiendo: sus hijos.

Ya no es sólo un enfrentamiento por el régimen de visitas o pensión de alimentos el que se libra en los tribunales de menores cuando los (ex) esposos se declaran la guerra mundial. Dirigidos por abogados expertos en estrategias y artilugios, a las descalificaciones, extorsiones y agresiones propias de la contienda se ha sumado peligrosamente en los últimos años acusaciones por abuso sexual y violencia intrafamiliar. Todo sea por el triunfo, sin importar que las únicas víctimas sean los hijos.

"¿Ve esos expedientes que están más abultados?, todos corresponden a gente con plata, es muy fácil reconocerlos, siempre son más gruesos que el resto", dice un funcionario de un tribunal de menores. Toma uno y lo hojea: "liquidaciones de sueldo, declaraciones de Impuestos Internos, informes bancarios, de propiedades, de vehículos, de Policía Internacional, cuentas de supermercado, de teléfono y hasta fotografías del demandado para acreditar que viste ropa cara. Oficios y más oficios, con sus respectivas respuestas de las instituciones requeridas y contestaciones de la otra parte; centenares de hojas, 'porque los abogados no se cansan de pedir diligencias. En estos sectores, se pelea hasta el último peso'", comenta.

Es la guerra. Una guerra sin contemplaciones que se libra en tribunales cuando los matrimonios destruidos no llegan a acuerdo sobre cómo separar aguas y replantear su vida bajo el prisma de lo que nunca dejarán de ser: el papá y la mamá. Pero lo peor es que si bien los conflictos matrimoniales son de antigua data, los cambios en el escenario (que la separación ya no sea un estigma, que las mujeres se atrevan más a demandar a sus ex maridos, que el "factor peso" sea intransable y que abogados cada día más "expertos" pululen con su dossier de estrategias y artilugios) hacen que el conflicto derive en una guerra cruel.

La pelea es descarnada. En eso concuerdan todos los que trabajan en torno a los tribunales de menores. No sólo porque está lleno de padres capaces de transferir sus bienes o fingir endeudamiento con tal de reducir la cantidad de dinero que deben entregar a su ex esposa e hijos. O porque no faltan las mujeres jóvenes que no trabajan y que incluyen hasta las cirugías estéticas en la lista de gastos. Si no porque detrás de este tira y afloja de pesos que se vive en los juicios de alimentos se esconde una historia de pareja no resuelta que en no pocas ocasiones hace aflorar lo peor del ser humano, sin que las partes se detengan a medir las consecuencias.

¿Consecuencias? ¿Cuáles?, "terminan dañando precisamente lo que ellos aseguran que están defendiendo: sus hijos", sentencia la sicóloga Patricia Fernández Bieberach.

Desde hace siete años, ésta profesional actúa como perito en los tribunales de menores, evaluando a padres e hijos en juicios por régimen de visitas, el otro escenario en que se libra la batalla y que suele ir de la mano con las demandas de alimentos: ella pide dinero para mantener a los niños y él que lo dejen ver a sus hijos. Durante todos estos años, la especialista ha sido testigo de lo que representa este enfrentamiento de sus progenitores. Las descalificaciones, las extorsiones, las agresiones. Pero lo que últimamente ha despertado aún más su preocupación es el incremento de mujeres que acusan a sus ex maridos de abuso sexual en contra de sus hijos para negar las visitas.

En la mayoría de estos casos, no hay una denuncia previa o simultánea en los juzgados del crimen, tampoco se trata de violaciones o agresiones en que las pruebas físicas sean evidentes. Simplemente son "presunciones" de abuso deshonesto atribuibles al padre, expresadas por la defensa de la mujer en el marco del juicio por visitas. Sin embargo, eso basta para extender un manto de dudas lo suficientemente poderoso que lleva al juez de menores a suprimir o restringir el contacto e iniciar una investigación para acreditar el hecho. Lo que puede tardar, por lo bajo, seis u ocho meses.

No existen estadísticas que dimensionen el incremento de estas denuncias en los tribunales de menores. De hecho, ni siquiera está disponible información tan básica como el número de demandas de alimentos o de visitas que ingresan cada año a los juzgados del país. Pero la percepción de la sicóloga es compartida por funcionarios judiciales y abogados que se dedican a materias de familia. "Durante toda mi carrera no me habían tocado más de dos casos de este tipo. En el último año, ya he visto cinco", señala una abogada. En opinión de esta profesional, algunas mujeres se toman esta acusación en forma muy liviana. Cuenta el caso, por ejemplo, de un matrimonio "medio hippie" que mientras estuvieron casados era normal que la hija pequeña viera al papá desnudo en algunas ocasiones cotidianas. Pero cuando se separaron, la mamá cambió completamente el discurso y lo que antes era "normal" ahora era "morboso y sospechoso". Él lleva un año y medio sin poder ver a sus hijos.

Otro profesional relata el caso de un abogado que fue acusado por su ex esposa de abusos deshonestos, también en el juicio de visitas. Él la había abandonado por otra mujer y estuvo más de seis meses sin ningún contacto con la niña. "Estaba desesperado, incluso llegó a pensar en terminar con su actual pareja para recuperar a su hija. Por suerte, ella conoció a otro hombre, se enamoró y ahora la relación es casi normal. Dejó de colocar problemas para las visitas", comenta.

 
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