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La batalla más cruel

Hace 2 añosWebMaster
Ya no es sólo un enfrentamiento por el régimen de visitas o pensión de alimentos el que se libra en los tribunales de menores cuando los (ex) esposos se declaran la guerra mundial. Dirigidos por abogados expertos en estrategias y artilugios, a las descalificaciones, extorsiones y agresiones propias de la contienda se ha sumado peligrosamente en los últimos años acusaciones por abuso sexual y... Ver más violencia intrafamiliar. Todo sea por el triunfo, sin importar que las únicas víctimas sean los hijos.

"¿Ve esos expedientes que están más abultados?, todos corresponden a gente con plata, es muy fácil reconocerlos, siempre son más gruesos que el resto", dice un funcionario de un tribunal de menores. Toma uno y lo hojea: "liquidaciones de sueldo, declaraciones de Impuestos Internos, informes bancarios, de propiedades, de vehículos, de Policía Internacional, cuentas de supermercado, de teléfono y hasta fotografías del demandado para acreditar que viste ropa cara. Oficios y más oficios, con sus respectivas respuestas de las instituciones requeridas y contestaciones de la otra parte; centenares de hojas, 'porque los abogados no se cansan de pedir diligencias. En estos sectores, se pelea hasta el último peso'", comenta.

Es la guerra. Una guerra sin contemplaciones que se libra en tribunales cuando los matrimonios destruidos no llegan a acuerdo sobre cómo separar aguas y replantear su vida bajo el prisma de lo que nunca dejarán de ser: el papá y la mamá. Pero lo peor es que si bien los conflictos matrimoniales son de antigua data, los cambios en el escenario (que la separación ya no sea un estigma, que las mujeres se atrevan más a demandar a sus ex maridos, que el "factor peso" sea intransable y que abogados cada día más "expertos" pululen con su dossier de estrategias y artilugios) hacen que el conflicto derive en una guerra cruel.

La pelea es descarnada. En eso concuerdan todos los que trabajan en torno a los tribunales de menores. No sólo porque está lleno de padres capaces de transferir sus bienes o fingir endeudamiento con tal de reducir la cantidad de dinero que deben entregar a su ex esposa e hijos. O porque no faltan las mujeres jóvenes que no trabajan y que incluyen hasta las cirugías estéticas en la lista de gastos. Si no porque detrás de este tira y afloja de pesos que se vive en los juicios de alimentos se esconde una historia de pareja no resuelta que en no pocas ocasiones hace aflorar lo peor del ser humano, sin que las partes se detengan a medir las consecuencias.

¿Consecuencias? ¿Cuáles?, "terminan dañando precisamente lo que ellos aseguran que están defendiendo: sus hijos", sentencia la sicóloga Patricia Fernández Bieberach.

Desde hace siete años, ésta profesional actúa como perito en los tribunales de menores, evaluando a padres e hijos en juicios por régimen de visitas, el otro escenario en que se libra la batalla y que suele ir de la mano con las demandas de alimentos: ella pide dinero para mantener a los niños y él que lo dejen ver a sus hijos. Durante todos estos años, la especialista ha sido testigo de lo que representa este enfrentamiento de sus progenitores. Las descalificaciones, las extorsiones, las agresiones. Pero lo que últimamente ha despertado aún más su preocupación es el incremento de mujeres que acusan a sus ex maridos de abuso sexual en contra de sus hijos para negar las visitas.

En la mayoría de estos casos, no hay una denuncia previa o simultánea en los juzgados del crimen, tampoco se trata de violaciones o agresiones en que las pruebas físicas sean evidentes. Simplemente son "presunciones" de abuso deshonesto atribuibles al padre, expresadas por la defensa de la mujer en el marco del juicio por visitas. Sin embargo, eso basta para extender un manto de dudas lo suficientemente poderoso que lleva al juez de menores a suprimir o restringir el contacto e iniciar una investigación para acreditar el hecho. Lo que puede tardar, por lo bajo, seis u ocho meses.

No existen estadísticas que dimensionen el incremento de estas denuncias en los tribunales de menores. De hecho, ni siquiera está disponible información tan básica como el número de demandas de alimentos o de visitas que ingresan cada año a los juzgados del país. Pero la percepción de la sicóloga es compartida por funcionarios judiciales y abogados que se dedican a materias de familia. "Durante toda mi carrera no me habían tocado más de dos casos de este tipo. En el último año, ya he visto cinco", señala una abogada. En opinión de esta profesional, algunas mujeres se toman esta acusación en forma muy liviana. Cuenta el caso, por ejemplo, de un matrimonio "medio hippie" que mientras estuvieron casados era normal que la hija pequeña viera al papá desnudo en algunas ocasiones cotidianas. Pero cuando se separaron, la mamá cambió completamente el discurso y lo que antes era "normal" ahora era "morboso y sospechoso". Él lleva un año y medio sin poder ver a sus hijos.

Otro profesional relata el caso de un abogado que fue acusado por su ex esposa de abusos deshonestos, también en el juicio de visitas. Él la había abandonado por otra mujer y estuvo más de seis meses sin ningún contacto con la niña. "Estaba desesperado, incluso llegó a pensar en terminar con su actual pareja para recuperar a su hija. Por suerte, ella conoció a otro hombre, se enamoró y ahora la relación es casi normal. Dejó de colocar problemas para las visitas", comenta. Ver menos

La revolución de las "no madres"

Hace 2 añosWebMaster
Un 43% de las mujeres en Estados Unidos no tiene hijos y buena parte de ellas no los han tenido, simplemente, porque no quisieron. De esto trata el libro de Madelyn Cain, donde presenta los testimonios de más de 100 mujeres que se la jugaron por esta opción.

La autora norteamericana Madelyn Cain durante mucho tiempo tuvo un sueño en la cabeza: quería ser madre a toda... Ver más costa. Pero antes de verlo hecho realidad tuvo que pasar durante años por un sinfín de tratamientos médicos y terapias de fertilización asistida. Recién cuando le faltaban meses para llegar a las cuatro décadas pudo ver nacer a su única hija, la cual actualmente es una adolescente de 16 años. El haber pasado por esa dura experiencia la hizo conocer muy de cerca los prejuicios y los estereotipos que maneja la sociedad estadounidense frente a las mujeres que no tienen hijos, tanto aquellas que lo han decidido voluntariamente como las que no han podido hacerlo.

Fue esta realidad la que Madelyn Cain plasmó en su libro The Childless Revolution What it means to be childless today (algo así como "La revolución de los sin hijos" o "Lo que significa no tener hijos en la actualidad", editorial Perseus Books, 208 págs.). Lanzado a fines del año pasado, y reeditado con éxito en abril, el texto ha llamado la atención de los medios y ha recibido elogiosas críticas. Así, revistas especializadas, como Utne Reader, han alabado el acercamiento de Caine a lo que parece ser una creciente tendencia demográfica en Estados Unidos.

Las cifras son elocuentes y ellas muestran que cada vez son más las mujeres que, por diversas razones, han decidido o no han podido traer niños al mundo.

Las estadísticas oficiales enseñan que si a principios de la década de los 60, un 43,5% de los matrimonios no tenía hijos; en 1996, en cambio, ese porcentaje subió a un 53%. Otro número recopilado por Cain muestra que en 1998 el 42,2% de las mujeres adultas no tenían descendencia. En ese grupo, Cain llama la atención de que un 19% de las que se ubican al final de la edad reproductiva -es decir, entre los 40 y los 44 años- se encontraba en esa situación. Esto es casi el doble de lo que se podía observar hace dos décadas. Para la autora, la conclusión es que "dentro de poco, las mujeres sin hijos serán la regla y no la excepción".

Sin embargo, hay quienes advierten que los números del último censo realizado en Estados Unidos podrían mostrar exactamente lo contrario. Esto porque actualmente las norteamericanas tienen más hijos que en cualquier momento de las tres últimas décadas. Sin embargo, existen especialistas que advierten que este reciente aumento en las tasas de natalidad se explicaría porque las parejas con hijos, gracias a la prosperidad de los 90, decidieron aumentar su prole.

Más allá de ciertas exageraciones a las que llega Cain, lo cierto es que el atractivo de The childless Revolution redunda en los 125 testimonios de mujeres que le sirvieron para elaborar el texto. Preocupada especialmente por el trato que la sociedad estadounidense ha dado a las mujeres que voluntariamente han decidido no tener descendencia, buena parte de las entrevistas se centran en ese grupo. Ello no es extraño, puesto que el número de no madres voluntarias prácticamente se ha doblado en los últimos 30 años: si en los 70 éstas representaban un 12,4% del total de mujeres sin hijos, en los 90, la cifra aumentó a un 25%.

Para Cain, un cambio en las actitudes de los estadounidenses hacia estas mujeres es necesario y serviría para mejorar la situación de los niños. "Si las personas que no quieren tener hijos fueran tratadas con respeto, el mundo tendría menos niños maltratados y olvidados por sus padres", asegura. Una opción de vida de esta naturaleza, escribe la autora, frecuentemente es motivo de “vergüenza o depresión”. Familiares, amigos y compañeros de trabajo son los que se encargan de hacer sentir esos prejuicios a las no madres. Para estas mujeres "es frustrante que los otros no sean capaces de creerles la sinceridad de su deseo de no tener hijos (...) las personas encuentran que hay algo esencialmente equivocado con ellas y que, por lo tanto, es necesario ‘reconquistarlas para la maternidad’".

A partir de los testimonios, Cain observa tres tipos de mujeres: aquellas que son positivamente childfree (libres de hijos), las que han adoptado esa decisión por motivos religiosos, y aquellas que no desean traer niños al mundo por razones medioambientalistas.

Las primeras rara vez expresan dudas sobre su decisión. Muchas de ellas si bien aman a los niños, tienden a evitarlos, y también hay las que derechamente los odian. Las que han optado por no tener hijos por motivos religiosos, explica Cain, lo han hecho por seguir "un camino espiritual que requiere que se mantengan fuera de la maternidad". Las mujeres que se han guiado por razones medioambientalistas, observa la autora, han adoptado "una decisión consciente y política, comprometida con el bien del planeta".

Wendy es una de las mujeres que Cain califica como "positivamente childfree" quien desde joven decidió no tener hijos. "Probablemente ya lo había decidido en la secundaria. No fue una gran cosa, simplemente no era una experiencia que quería tener y aún es así", se lee en el libro. "Al enterarse, mi familia pensó que estaba bromeando. Al principio no me creían y pensaban que llegaría el momento en que cambiara de opinión. Pero no lo hice", concluye.

Otra es Judy, quien decidió convertirse en monja cuando estaba en el colegio. Al graduarse, hizo su noviciado y permaneció en un convento por treinta años. "Nunca pensé en el tema de los hijos. Hice un compromiso para servir a Dios". Jamás se cuestionó la decisión que tomó de joven.

Deborah es una de las tantas mujeres entrevistadas que decidieron no traer niños al mundo por su compromiso político con el medioambiente. "No es bueno para este mundo. El sobrepoblamiento es uno de nuestros mayores problemas (...) los que hemos decidido no tener hijos le estamos realizando un servicio al planeta".

Cualquiera sean los motivos de su decisión, todas las mujeres entrevistadas por Cain han sufrido en más de algún momento la incomprensión de quienes las rodean. "Somos consideradas egoístas, neuróticas, inmaduras o simplemente anormales(...) ¿Por qué no se le preguntas a los padres y a las madres por qué ellos tienen hijos? Abdicar a la maternidad no es ninguna aberración, ignorar y tratar mal a un hijo eso sí que lo es". Ver menos

Mi mamá tiene novio

Hace 2 añosWebMaster
Para un hijo no es fácil enfrentar el hecho de que su madre se haya enamorado, menos verla compartir besos y caricias con otra persona. Quienes han vivido la experiencia, aseguran que la situación inicial resulta inmanejable y que el secreto está en permitirse conocer al novio de mamá que, por lo general, es el hombre con quien se siente feliz. Bueno, salvo algunas excepciones.
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Celos, pánico, abandono. Demasiados son los sentimientos que dicen sentir los hijos cuya madre se vuelve a enamorar. Al parecer, cualquiera sea la edad de éstos, el impacto es el mismo, al conocer al novio de su madre.

Según la sicóloga y especialista en asertividad, Javiera de la Plaza lo primero que debe tomar en cuenta una madre antes de informarle a su hijo que está emprendiendo una nueva relación, es la edad que éste tiene. No es lo mismo decirle a un adolescente que su madre se enamoró de un hombre que no es su padre, que contarle el acontecimiento a un niño menor de 10 años.

"A los niños se les debe dar información, pero no toda, ya que no tienen la madurez cognitiva para entender detalles de la relación como primeros besos, regalos o intimidades. Se le debe contar lo que está ocurriendo de manera paulatina. Se debe hacer una suerte de desensibilización sistemática frente a la relación antes de llamarla pololeo", explica la especialista.

Cuando se trata de adolescentes, la estrategia es distinta. El diálogo entre madre e hijo debe ser simétrico.

"Lo que jamás se debe hacer en estos casos es permitir que el novio tome atribuciones frente al hijo. La nueva pareja de la madre no debe involucrarse en las medidas disciplinarias que ella tiene con su familia. Hay que tener claro que en la adolescencia están representadas todas las rebeldías, por ello hay que prevenir situaciones que las gatillen", agrega Javiera de la Plaza.

Aunque nunca está todo dicho. Cuando se trata de adultos el impacto frente a una situación como ésta es igual de fuerte. Así lo demuestran los testimonios de nuestros entrevistados, quienes debieron asumir que las madres también se enamoran. Ver menos

La joven y la virginidad

Hace 2 añosWebMaster
El cómo, cuándo y dónde iniciarse en el sexo: "Es una cuestión de elección personal."

Para quienes decidan ponerlo en práctica, es importante conocer que las incertidumbres y los miedos son lógicos en la primera vez. Lo ideal es tener confianza en la pareja y encontrarse en un buen clima (un lugar íntimo y tranquilo). Como el sexo es más amplio que la penetración en sí,... Ver más hay muchas formas de dar y obtener placer. Para la mujer será muy importante si la iniciación se da en un contexto de amor y ternura o al menos un trato delicado y respetuoso.

Se pueden practicar algunas variantes del sexo hasta sentirse más segura y relajada. Es importante comenzar con juegos previos a la penetración.

Las caricias, la estimulación manual, los besos son fundamentales para lograr la excitación, permitiendo tener una adecuada lubricación para de esa forma lograr la penetración, la cual no tiene por que ser dolorosa. De todas formas muchas veces sucede que hay "varias primeras veces", hasta alcanzar la penetración completa, ante todo hay que tener paciencia y no descuidar que los juegos previos son tan importantes como la penetración en si.

El himen es una delgada membrana que se encuentra a pocos milímetros de la entrada de la vagina.

Hay mujeres que congénitamente carecen de himen; hay otras que lo tienen pero no esta perforado y hay mujeres que tienen un himen de gran elasticidad por lo tanto, prácticamente no hay sangrado ni se observa dolor alguno y puede no romperse hasta después de numerosas relaciones.

A la mujer que no ha sido penetrada sexualmente se la considera virgen y esto supone la integridad del himen. Es común la idea de que en la "primera vez", la penetración sea dificultosa, haga sangrar y cause dolor a la mujer.

El himen puede sangrar cuando se desgarra, lo que ocurre durante la penetración en los primeros contactos sexuales o por lesión accidental.

Desde algunas religiones la virginidad es considerada un tesoro y el himen su llave. En este sentido, la desfloración (otro modo de designar a la primera relación sexual de la mujer) es vivida como pérdida y según las convicciones de quien la experimente, puede vivirse con placer o por lo contrario con angustia, culpa o una intensificación de las naturales molestias físicas. La primera vez, muchas veces puede producir cierta ansiedad, sobre todo a medida que uno va creciendo en edad y aún no ha pasado por la experiencia.

El paso del tiempo genera a veces una sensación de vergüenza y de haber "perdido el tren", fantasía que inhibe la posibilidad de un posible contacto sexual satisfactorio. Es importante diferenciar inhibiciones sexuales de tipo neurótico de aquellas que se desprenden de concepciones religiosas. Desde algunas perspectivas religiosas, para muchas mujeres, el acercamiento sexual que no apunte específicamente a la reproducción es considerado algo impropio y pecaminoso. Por idénticas razones muchas mujeres no conocen su cuerpo, ni están dispuestas a hacerlo. Bajo estos condicionamientos no es difícil que la mujer considere al erotismo como algo vergonzante.

Las posibilidades de experimentar placer en mujeres comprometidas con sentimientos o convicciones religiosas estarán condicionadas a lo que su conciencia, le permita. La neurosis perturba generalmente la actividad sexual pero por otros mecanismos, en cuya base hay profundos temores o fantasías temidas y reprimidas ligadas a la sexualidad.

Y recuerda: "El cómo, cuándo y dónde iniciarse en el sexo, es una cuestión de elección personal". Ver menos

Mujeres

Hace 3 añosWebMaster
"La gente se casa porque eso es lo que tiene que hacer según el guión de la sociedad, porque quiere tener hijos, por terror a la soledad, por dinero, por seguridad, por conveniencia y por muchas razones que no tienen que ver con el amor." (Jessica Kreimerman, escritora mexicana)

"La mujer más tonta puede manejar a un hombre inteligente, pero es necesario... Ver más ser muy hábil para manejar a un imbécil" (Rudyard Kipling, escritor británico)

"A los hombres se les enseña a pedir perdón por sus fallas; a las mujeres, por sus éxitos" (Bella Azbug, abogada y política estadounidense)

"Cualquier mujer que sepa llevar una casa estará muy cerca de llevar un país" (Margaret Thatcher, ex primera ministra británica)

"Ahora dicen que hay que lavar los platos a medias, pero luego las feministas radicales se quejan de que los hombres se amariconan y quieren tener un Tarzán en casa que les arranque la ropa a mordiscos" (Almudena Grandes, escritora española)

"El mundo de la mujer es su marido, su familia, sus hijos y su hogar. No es apropiado cuando insiste en meterse en el mundo de los hombres" (Adolf Hitler, dictador alemán). Ver menos

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